El buque de la Muerte (VI)
Esos negros miserables están involucrados en esto, se lo aseguro... (apartheid)
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Petersen se reclinó sobre un viejo sillón que tenía en su camarote y, le ofreció al sudafricano una silla.
-Dígame capitán; su comunicación por radio era medio confusa, ¿Han asesinado a tres tripulantes? ¿Dónde están los cadáveres?
Petersen, comenzó a explicarle lo de los tres muertos que contó el italiano y; su sospecha de que los accidentes no lo hayan sido.
Si no más bien, la obra de alguien desequilibrado de la tripulación o quizá un extraño que se ocultaba en el buque.
Después, algo turbado, prosiguió con el asunto de la maldición de los siete años.
El mayor escuchó todo con una indiferencia digna de un militar inglés.
Petersen, medio confundido interrogo ¿No me cree, mayor?
-¡Caramba! Preciado capitán, parece que usted olvida que soy sudafricano y vivimos con una cantidad de estos negros salvajes que, ¡tienen unas creencias y costumbres!
Lo que ha contado usted palidece ante lo que podría contarle yo.
Por eso, he ordenado el registro total de la embarcación, por si llevan polizontes.
Interrogaremos al italiano, y luego veremos cuales de esos malditos negros están metidos en esto...
En Sudáfrica el apartheid (segregación racial) era lo habitual.
Existían dos clases sociales. Los blancos que tenían derechos y los negros (cualquiera tonalidad de piel que no fuera ciento por ciento blanca eran negros) que tenían muy pocos o ninguno.
La ley castigaba duramente la trasgresión a esta norma.
Todos los negros vivían hacinados y en pobreza, en barrios especiales que; estaban alejados de las ciudades donde tenían que trabajar. Viajando varias horas al día para asistir a sus labores.
Uno de los más famosos de ese entonces, Soweto; donde vivía toda la población negra que trabajaba en las minas e industria de Johannesburgo.
A la sazón uno de los sitios más ricos del país por su gran producción de oro.
Todo estaba organizado en las ciudades, había calles para negros, buses para negros, en los trenes vagones para negros.
Hospitales para blancos, sin negros. Oficinas públicas para blancos, sin negros Y en toda clase de servicios la atención funcionaba igual.
En las avenidas que debían transitar ambos por necesidad. Había veredas para blancos y para negros. Lo mismo en los servicios higiénicos.
En los restaurantes y servicios públicos figuraban letreros que decían cosas como: Prohibido el ingreso de mascotas y de negros (siempre en último lugar).
En caso de que algún desventurado -no blanco- transgrediera alguna de estas divisiones, inmediatamente la golpiza respectiva por intervención policial.
Era un delito, penado con la cárcel, el que un blanco estuviera en amores con una negra. La negra lógicamente iba a la cárcel.
En caso fuera un negro el que sostenía amores con una blanca, el negro era el que iba a la cárcel.
Las elecciones eran solamente entre blancos. Los negros solo debían obedecer.
Casos sonados, el de algunos futbolistas extranjeros negros, casados con mujeres blancas. Ellas debían vivir en la ciudad y los esposos negros en los barrios para negros. Además, solo podían hablar por teléfono. No podían verse porque era un delito.
Las selecciones deportivas nacionales no tenían atletas negros, estaba prohibido.
Y fue por allí, donde se internacionalizó el conflicto; se prohibió la participación de Sudáfrica en el fútbol mundial por la segregación, luego fueron las competiciones olímpicas, luego el aislamiento mundial.
Internamente el movimiento político Consejo Nacional Africano (CNA), aglutinó a la oposición negra en contra del dominio blanco.
Generando el liderazgo absoluto de Nelson Mandela, el cual fue liberado el año pasado por el presidente De Klerk.
Las presiones y los desbarajustes aquí son insostenibles.
(Continuará)
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