El buque de la Muerte (VII)
Siempre moría alguien pero, eran accidentes, era el destino...
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Pero, no nos vayamos tan lejos y retornemos a nuestra historia.
El italiano, ante la policía, se ratificó en lo que dijo.
Pero, abundó en el sentido de que, hasta donde sabía, no se trató de ningún asesinato sino que era el destino o algo así.
El Galahad quedó inmovilizado en el puerto. Mientras se dio inició a un papeleo interminable.
El Mayor Shepard, estaba bastante ocupado sofocando las revueltas y aporreando a los negros y Wells, a quien se le había encargado la responsabilidad directa de la investigación, no tenía tiempo y cada vez menos gente; finalmente, tuvo que delegarla en la burocracia para las indagaciones internacionales requeridas.
Los negros desertaban de la policía. Y, el ejercito de puros blancos terminaba siendo muy poco para un país aplastantemente negro, en un continente negro.
En fin, el Galahad se oxidaba más en el puerto.
La tripulación, luego de los primeros días enclaustradas en el buque; había bajado a tierra siendo ubicados en unas barracas policiales, en uno de los cuarteles que habían ido abandonando ante la deserción de sus efectivos y, cuidados por un pequeño piquete.
Sólo se autorizaba que cuatro de los miembros de la tripulación permanecieran en el barco que estaba en el puerto, en forma rotativa e ínter diaria.
De esta forma Petersen y Carmona se turnaban presidir sendos piquetes, con uno de los latinos de confianza y alguno de los otros tres europeos que quedaban, completando el cuarteto con africanos.
Al cabo de dos meses y medio de aparente inacción de las autoridades, la Policía comisionó a Wells para que le informara a Petersen que, habían estado recolectando la información disponible sobre la historia del barco; los puertos y países que había visitado en el transcurso de los años en África y, si en alguno de ellos había sucedido algo extraño y tenían casi completo el cuadro.
"Durante su tiempo en África, el Galahad; en distintos puertos y en países diferentes, había tenido un muerto cada siete años (un total de cinco) faltando sólo un país que todavía no les había enviado la información".
Sin embargo, todos esos casos se habían reportado como cosas accidentales, hechos fortuitos o fallecimiento súbito.
Muy de mañana, Wells, se presentó en la barraca para comunicarle los resultados a Petersen; pero no lo halló. Se enteró que estaba de turno en el Galahad, y que si hubiera llegado tres horas antes lo hubiera encontrado.
Como buen oficial, montó en su Jeep acompañado por una patrulla de policías en un camión porta tropa y, se dirigió al puerto que quedaba escasamente a treinta minutos de allí.
(Continuará)
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